No hay palabras exactas, ni maduras.
Ni quiero elegirlas.
Como cuando tenía 4 años pierdo la vergüenza,
y el vocabulario.
Sólo quiero decirle que lo quiero.
Y recién ahora me vengo a poner colorada.
viernes, 4 de junio de 2010
miércoles, 2 de junio de 2010
Vela
Dulce encanto del desvelo, sabor amargo de lo no poseído, añoranza del no-vivir-con. El tul de los miedos esconde sus gestos. Se saca los guantes elegantes, de las caricias, y entrega sus manos a la lujuria.
Niega su traje negro del duelo (ese que sabe, lleva por dentro). Arranca el velo que cubre su cara. Se deja quitar la ropa que cae junto a la cama, junto a su nombre, y el cuerpo aparente de entrega, revela dolor.
Lágrimas esclavas queman la retina, no caerán nuevamente en territorio desierto. Quedan junto a las palabras, los besos que guarda en silencio. Despide el alma de entrega, parte hacia el purgatorio del sinsabor. Sabor a nada. Lo poco que inventa, y ama. Nada.
El corazón duro de impotencia, despojada de armas, indefensa. Destellos de luz que confunden la realidad, cruel juego de imágenes repetidas, borrones sin cuenta nueva.
Respira y grita. Su amado no escucha, no ve, no está, no estuvo, nunca tuvo. Exposición de un cuadro sin galería, ni atelier, ni musa real.
Vela por verlo llegar, desvelada de dudas. Con las evidencias que develan lo cierto, vuela el velo de lo desesperadamente esperanzado. Desesperanza, desepera, espera lo que no espera.
Dicen, la vieron usando nuevamente el velo. Dicen, perdió los guantes de las caricias. Dicen, se entregó a los miedos, al desamor. Dicen todos, y ella calla.
Como Penélope, teje y desteje realidades. Teje-y-desteje-realidades.
No tiene a quien llorar. Y lo vela en desvelo.
Niega su traje negro del duelo (ese que sabe, lleva por dentro). Arranca el velo que cubre su cara. Se deja quitar la ropa que cae junto a la cama, junto a su nombre, y el cuerpo aparente de entrega, revela dolor.
Lágrimas esclavas queman la retina, no caerán nuevamente en territorio desierto. Quedan junto a las palabras, los besos que guarda en silencio. Despide el alma de entrega, parte hacia el purgatorio del sinsabor. Sabor a nada. Lo poco que inventa, y ama. Nada.
El corazón duro de impotencia, despojada de armas, indefensa. Destellos de luz que confunden la realidad, cruel juego de imágenes repetidas, borrones sin cuenta nueva.
Respira y grita. Su amado no escucha, no ve, no está, no estuvo, nunca tuvo. Exposición de un cuadro sin galería, ni atelier, ni musa real.
Vela por verlo llegar, desvelada de dudas. Con las evidencias que develan lo cierto, vuela el velo de lo desesperadamente esperanzado. Desesperanza, desepera, espera lo que no espera.
Dicen, la vieron usando nuevamente el velo. Dicen, perdió los guantes de las caricias. Dicen, se entregó a los miedos, al desamor. Dicen todos, y ella calla.
Como Penélope, teje y desteje realidades. Teje-y-desteje-realidades.
No tiene a quien llorar. Y lo vela en desvelo.
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