miércoles, 1 de septiembre de 2010

Enemigos íntimos (y propios)

El día los encuentra amigos,
siempre cerca, nunca íntimos.
La noche trae intimidad,
y los desnuda enemigos.

Comprensión insuficiente,
incomprensión exagerada,
indiferencia asesina.

En esta historia de amor propio,
con comienzo de incoherencias,
en cíclope se convierten.

Y un sinfín de sonrisas,
(coherentes) y sentidas
los disfraza inocentes.

Se da vuelta una página,
Abre-cierra-misma-puerta.
No son amigos, ni enemigos.

Existencialismo y nortes perdidos.
Ser o no ser,
y ser nadie para el otro.

Ya no son cíclope, son ciegos.
Nadie para el otro.

Dolor de apariencia irrevocable.
Aparente como las imágenes,
que ya sólo son vagos recuerdos.

No hay marca sin registro,
ni libertad sin elección.
No hay marca, registro,
libertad ni elección.

En esta historia de amor propio,
el final nunca es final.
Y el comienzo tampoco.

No es.
No comienza.
No termina.
No son.
Tan-poco.