sábado, 6 de marzo de 2010

Simplemente, él

Cómo explicarle, que todo lo que hago e hice en esta vida es para gustarle, para conquistarlo, para conseguir asombrarlo un décimo de lo que él me asombra a mí.

Cómo decirle que las funciones están invertidas, que no es él quien me cuida, sino yo la que vela por su felicidad.

Que en cada caricia desde que tengo segundos de vida, volcó en mí proyectos que no sé si puedo cumplirlos.

Que en cada elogio, colmó mi ser de exigencias, y en cada crítica, marcó mi sonrisa.

Cómo hacer para no imaginar que cuando no esté, me va a faltar su no-sonrisa. Su necesidad de amor. Su incapacidad para demostrar lo mucho que necesita de mi amor. Del amor de sus seis hijas.

Su capacidad para generar distancia, enojo, ira te-rompo-un-plato-por-la-cabeza-si-no-cambias-esa-cara-de-orto.

Su capacidad de destruir un abrazo con un brazo duro poniendo distancia, y el corazón pidiendo a gritos que no lo dejes de abrazar nunca.

Cómo, entonces, no enamorarme de todos esos hombres, que necesitan que los quieran y rechazan, y en todos ellos está él.

El que me ama y amo, el que comparto con 6 mujeres, una que él eligió y otras 5 pares en esta carrera por ganarse su admiración. Es imposible dimensionar todo lo que me dio, y lo mucho que me falta para poder devolverlo, y lo mucho que me cuesta entender que haga lo que haga, siempre voy a ser la mejor para él.

Imposible no frustrarme si no soy profesional como él, e imposible no querer imitarlo.

Tal vez, deba dejarlo ser, porque no soy su padre, soy su hija.

Quizá deba intentar abrazarlo aunque sea al modo brazos de cemento, y hacerme chiquita y no sufrir por no ser todos sus proyectos, y a la vez ser su proyecto más feliz, porque soy feliz con sólo ser su quinto proyecto.

Quizá tenga, entonces, que sacar a Edipo de casa, y entender que nunca nadie va a ser como él, así como nunca nadie me va a amar por el simple hecho de estar respirando.

Porque es natural, porque él no me eligió, ni yo lo elegí, porque la vida nos quizo poner juntos.

Pero yo voy a elegir. Y mi lugar es con otro. No te preocupes, me explicaste que los bebés los traen las gaviotas...no me va a tocar!

Y no te puedo cuidar, ni te debo cuidar, pero cuando seas viejito, vas a seguir siendo el más lindo del mundo y te voy a seguir cuidando.
Hasta que no estés, y ahí me empieces a cuidar vos.

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