Inmersa en un mundo Holmiano.
Memorias de cada detalle.
Conclusiones en el aire.
Asunciones engañosas.
Tarde con sol y frío.
Enciendo a mi fiel, tóxico compañero.
Reminiscencias de un estado que creí olvidado.
Sonrisas sin por qué.
Motivos que ya no existen, ni interesan.
Juego con mi pañuelo, con la ternura perdida y encontrada.
Dejo que el frío entre, y el humo salga.
Cosquillas en la mano izquierda,
que cree sentir esa otra mano en ella.
Repaso batallas de sábanas peleadas en pos de una pista.
Cuento una a una las víctimas.
Dejo entre las sábanas restos de ternura sin dueño.
Abandono la inocencia, lucho contra la debilidad.
Ahorro lo exclusivo.
Oigo sus pasos.
Como el frío que congela mi nariz, sus ojos congelan mi mirar.
Barnizan los míos con felicidad, y añoranza.
Aún siento en mi hombro la yema de sus dedos, suave.
Cuidan lo que sabe, debo esconder.
Velan tímidos por el vínculo indefinido.
Creador de obras de arte en este lienzo de amor olvidado.
Pinceladas de colores cálidos, y luz.
Dibujo en mi mente croquis de cada momento vivido.
Recorro uno a uno los escenarios.
Apaciguo el paso, se aceleran los latidos.
Con la brisa en la esquina,
descubro la pieza que falta:
Compartir.
Elemental, mi querido Watson.
martes, 25 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario