lunes, 1 de marzo de 2010
Ella y El(los)
La música. Eso los acercó.
Las clases, los mates. 20 años de distancia y la cercanía de dos pesimistas sentados al piano, uno enseñando, el otro aprendiendo, y visceversa.
Un año y medio. No puedo seguir más. Me voy a recibir, y tengo que estudiar. Y acá ni aprendo piano, ni estudio, ni nada. Sólo hablamos hace 6 clases.
Después, ella viaja.
Vuelve.
Nos vemos?
Dale.
Me alegra que hayas vuelto. Se te ve más linda.
Y el piano?
Ya sabíamos que las clases no servían.
Se rieron.
Entonces, no tenemos más en común.
O sí?
Y de repente dos vinos, dos cervezas, un gancia, un poquito de limón.
Y sal. A esta comida le falta sal.
Sí, ya sé. Cocino con poca sal. No te olvides que no me arriesgo.
Sal.
La quiere con limón y sal.
Y nunca lo vio. O no lo quizo ver.
Y ahora qué hago? Piensa.
Un beso de él.
Una pausa de ella.
Más besos.
Más miedo.
Qué es esto?
"No sé, boluda"
Y el beso de ella, y su silencio.
No, no sé.
Qué no sabés?
A dónde vamos.
A ningún lado, linda. Sólo quiero estar con vos.
Y ella se ve ahí, y se pregunta, a quién quieren cuidar?
No, te voy a hacer mal, porque me conozco, y soy una pendeja desorientada. O fantásticamente orientada con miedo a ejecutar.
Y hoy, 8 meses más tarde, lo vio en este video y se acuerda de sus palabras.
De las palabras que con distinta forma, distintos (n)hombres dijeron, y no supo, ni quizo escucharlas.
Es que ellos no entienden que está esperando otra cosa?
Igual, ahora está cansada de esperar y se acuerda:
Una caricia en la cara, una de sus sonrisas tímidas. De las que le costó mucho mostrarle. Hasta que, sentada en el piano, sin haber estudiado, lo miró, con su espontaneidad tocó lo que se acordaba, y le dijo... "Y ahora PALMAS, PALMAS, PALMAS".. porque no sabía como seguía el tema. Y lo consiguió. Él sonrió.
Le decía: "Me gusta la manera que tenés de expresar tu arte hasta cuando hablás.Sos muy linda." Basta. No me mientas. "No seas tarada, ni te hagas la tarada. A los 42 años no estoy acá porque me faltan alumnos y estoy tratando de recuperar una."
Bueno, está bien. Un café.
Un domingo.
Mozo, otro café.
Y otro.
Y vamos a casa.
Y dibujaron un mueble, y él le sonrió como quien se sabe capaz de acompañar a alguien, y ella tuvo miedo, pero le agarró una mano, y con la otra una revista de decoración. Prendió su cigarrillo. Lo miró. Le dio un beso y lo abrazó.
Los miedos ganan, las caras cambian, y siempre quedan las que no cuidan, las que no están, y ella inventa. Y piensa: Quién me creo para demostrar que no necesito que me cuiden?
Y las otras caras que cuidan, como la de él, también lejos. Como siempre quizo. O como nunca quizo y siempre hizo.
Y ahora? La soledad.
Y él? allá, con todo el resto de las excusas, los refugios, las caricias-arma-blanca para el alma.
Y suena la música, que la acompaña como siempre. Que la entiende, la descubre y redescubre en sí misma, ensimismada, pensando en alguna cara de las que inventa. Para no dejar que el gusto amargo de las reales que no están, le saquen las ganas de seguir buscando un reflejo. Su reflejo.
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wow.....qué intensa...sos Tan intensa..
ResponderEliminarMe encantó, me abrumó, me llenó de data, lugares, me recordó a mí,a mis historias, a mis fantasías a mi pasado, a mi presente, a mi soledad...
Me encantó.
Bienvenida. Te esperaba!!!
es quien yo creo?
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