
- Hola, cómo estás? Jugamos a la cinchada?
Empieza el juego.
Ella no sabe por qué pero mientras empieza a tirar de la cuerda se le ocurren estas asociaciones.
"Cinchada, juego.
Juego, reglas.
Reglas, códigos.
Códigos, comunicación.
Comunicación, amor.
Amor, convivencia.
Convivencia, códigos.
Códigos, reglas.
Reglas, juego.
Juego, amor.
Amor, cinchada.
Cinchada, ganador.
Ganador, perdedor.
Perdedor, insuficiencia.
Insuficiencia, necesidad.
Necesidad, amor.
Amor, entrega.
Entrega... "
Se olvida que está jugando y piensa que cuando llegue a su casa va a escribir esto:
"Empieza el juego.
Uno tira para un lado. Por ahora, el otro tira para el otro.
Uno pretende tener fuerza para mantenerse de su lado.
Cerrado al otro. Un juego individual.
El otro, sigue tirando, como si lo que importa fuera la cinchada en sí, y no lo que representa para ambos.
La cuerda toma la forma engañosa de amistad.
Algunos, esperan, el otro se de por vencido y se vaya.
Así, entonces, no hay ganador.
Ambos perdedores.
Si sigue el juego, se habla. Sin hablar.
"Soltá. Y vení. Animate"
Miradas. Sonrisas. Tironcitos evasores.
"Dale, no soy yo, no jodás y andá a jugar al solitario."
Siguen haciendo fuerza.
Pasa alguien por atrás del contrincante.
Nos habla.
"Venís a jugar conmigo? Hace mucho que estás acá y te veo sin moverte"
Aflojamos un poco la cuerda, sin soltar.
"No. Gracias"
Sigue la fuerza.
Pasa alguien por detrás de uno.
Nuestro contricante mira.
Se afloja la cuerda.
"No te vayas! Estabamos jugando a la cinchada"
No se va.
Sigue la cinchada.
Miradas. Sonrisas. Códigos.
Comunicación.
Ahora además de jugar, se comunican.
Un tirón para acá. Un tirón para allá.
Pasa el tiempo.
Pasan personas por atrás. Por delante.
Por los costados.
La cinchada parece atraparnos.
De repente, nuestro opositor nos confunde.
Sin soltar, sonreímos, ya no desafiantes, sino con entrega.
Entrega. Amor. Juego.
Pasa el tiempo. No hay ganadores, ni vencedores, ni perdedores.
Pareciera ser entonces, ya no hay juego, y queda el amor."
Se le cae una lágrima. Descubre algo horrible: Es su propia contrincante.
- Hey! ¿estás bien? ¿Llorás por el golpe?
- La puta madre que lo parió. Sí, estoy bien.
Solté la cuerda, y me partí el coxis.
¿De qué te reís?
Él le da la mano.
- Gracias por levantarme. Siempre tan caballero.
¿Tenés un pucho?
Le prende uno, se lo da.
- ¿Qué me miras? No te voy a decir en qué pensaba.
No me mires así.
Basta de reírte!
Lloro porque te quiero.
No quiero jugar más.
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